Ideario de la comunidad educativa

EL EGRESADO

El Instituto existe para que quien egresa, luego del camino recorrido, haya recibido una formación integral que haya contribuido a su maduración personal, académica, social y religiosa. Queremos formar personas que se reconozcan a sí mismas creadas a imagen y semejanza de Dios, teniéndolo a él como el referente primero de su sentir, pensar y obrar, libres de toda forma de mal para poder asumir, desde la propia vocación, su compromiso con los demás, en el servicio desinteresado y responsable, siendo agentes eficaces de una verdadera transformación social contribuyendo a la construcción de una sociedad más justa, fraterna y pacífica, que viva el Evangelio de Jesucristo.

Esta identidad que se busca formar en el egresado es la que le da una identidad propia a la Institución. Lo que se  quiere en el egresado es lo que la Institución tiene que ser.

RECIBE UNA EDUCACIÓN CRISTIANA

Entendemos la educación como un proceso de personalización y socialización que capacita a cada individuo a construir la sociedad en la que vive desde un lugar particular. Nosotros, los que creemos que la muerte y resurrección de Jesús ha dado inicio a un mundo renovado por el amor y que él está con nosotros cada día hasta el fin del mundo, creemos que esta Verdad ilumina y cualifica toda otra verdad y puede transformar la cultura. Por eso, para nosotros, la fe en Dios, la esperanza en su promesa y el amor que nos ofrece son el contenido transversal ineludible de todo proceso de crecimiento personal y de servicio al prójimo.

Esta dimensión religiosa participa de todos los actos de la vida escolar no solo se evidencia en la enseñanza sistemática de la catequesis sino fundamentalmente en la vivencia permanente de los valores evangélicos y la adhesión al magisterio de la Iglesia de todos los miembros de la comunidad educativa.

CON UN ESTILO Y UN ITINERARIO PARTICULAR

Esta vivencia real de la novedad de Cristo se traduce en un estilo que buscamos que impregne todos los ámbitos de la comunidad del Instituto San Pablo. La fe que ilumina, la esperanza que mueve a construir el Reino, el amor que sirve, se hacen concretos en el diálogo, la apertura, la preocupación por el otro, el respeto, la seriedad y la profesionalidad, la amistad, la reflexión madura, la libertad madura y el discernimiento evangélico, la laboriosidad y la alegría, la virtud y el deseo de mejorar personal y comunitariamente.

Este estilo promueve la participación activa de los alumnos en todas las actividades educativas, en forma individual o comunitaria, enciende en ellos el amor a la verdad, la belleza y el bien. Excluye la superficialidad en el aprender y en el juzgar, desarrolla una conciencia crítica y estimula el uso responsable de la libertad y la constancia del trabajo.

Para lograr el fin para el que existe el Instituto, el espacio del aula y los contenidos académicos que los alumnos deben asimilar, son enriquecidos por otros espacios y experiencias no menos importantes: salidas o jornadas culturales, académicas o recreativas, actos, deportes, campamentos, retiros, Misas, momentos de oración, servicios comunitarios, etc.. Consideramos que estos espacios integran la formación y contamos con el apoyo de las familias para que la participación de los alumnos sea comprometida y fructuosa.

EN COMUNIDAD

La comunidad escolar, compuesta por los alumnos, docentes, personal no docente, familias, consagrados y ex alumnos, es el ámbito en el que compartimos nuestros caminos como hermanos y donde nos comunicamos las riquezas del saber humano y del propio camino recorrido. Esta comunidad es una pequeña Iglesia, que se sabe parte de la gran familia de los cristianos, con los que siente, discierne y actúa. Es una comunidad en la que los vínculos están formados por el amor de Cristo que se ha derramado en nuestros corazones, amor que asume, enriquece y eleva los lazos humanos. Por eso es una comunidad en la que queremos vivir del Espíritu que habita en nosotros y que nos ayuda a vivir el Evangelio. Es al mismo tiempo una comunidad abierta a la realidad del hombre de hoy, de modo particular al más herido, al pobre, a quien está solo, enfermo, marginado, para ir a su encuentro con el consuelo de la palabra y el alivio de la acción concreta.

La escuela como comunidad educativa es el espacio de diálogo, participación, encuentro y reflexión de todos los miembros, representante legal, directivos, docentes, ayudantes de disciplina, administrativos, no docentes, alumnos, padres y ex alumnos. Cada miembro está llamado a fortalecer el sentido de pertenencia y a desarrollar lo mejor de sí comprometiéndose a fondo con el que le es confiado.

La convivencia se fundamenta en la educación de las virtudes y los valores, teniendo a Jesucristo como modelo. Las relaciones educativas se caracterizan por el respeto mutuo, la solidaridad, la comprensión y contención, la sinceridad y la cooperación entre los miembros de la comunidad. Promovemos un clima de trabajo fraterno alegre y abierto que revalorice el ejercicio de la libertad responsable en un ambiente de auténtica caridad.

DONDE CADA UNO TIENE UN LUGAR

En esta comunidad cada uno tiene un lugar específico. En la medida que cada uno se comprometa con seriedad y caridad cristiana a servir desde el propio rol la comunidad se edificará como un lugar de acogida, transformación y servicio.

El párroco y representante legal, es el animador personal y conductor primero del proyecto educativo, participa activamente en la vida escolar, asume su rol pastoral propio (en el que puede ser asistido por otro/s sacerdote/s), inserta la acción del centro educativo en la pastoral parroquial y es responsable de la misma ante las autoridades de la Arquidiócesis.

Los directivos son los responsables de la conducción del Colegio en el desenvolvimiento del proceso educativo en los distintos aspectos: espiritual, ético, pedagógico, didáctico y disciplinario.

Los docentes llevan adelante la acción educativa inmediata, poniendo su vocación con dedicación y responsabilidad al servicio de sus alumnos. Por su acción y testimonio están entre los protagonistas más importantes que han de mantener el carácter específico del Colegio Cristiano y trabajan en comunión con el cuerpo directivo.

Los ayudantes de disciplina son los encargados de orientar y controlar a los alumnos en cuanto a asistencia, puntualidad, comportamiento y uniforme. Mantienen una comunicación fluída con directivos, docentes y pares y corrientemente con padres. Colaboran en la atención de elementos de documentación escolar y en la creación de condiciones de convivencia y de hábitos para el cuidado de los materiales y el local.

Los alumnos son los sujetos activos del proceso educativo, son los primeros destinatarios de la acción de la comunidad educativa. Asumen el ideario y el proyecto educativo institucional como un camino y con su conducta dentro y fuera del ámbito escolar, manifiestan la adhesión a los principios educativos del colegio.

Los padres son los primeros educadores de sus hijos y se integran activamente a la escuela parroquial, colaborando para que el proyecto educativo se pueda llevar adelante y participan en la educación de sus hijos en un diálogo fluído y abierto con los directivos.

El resto del personal desempeña diversas tareas y asume responsabilidades de acuerdo al rol que tienen en el Instituto, colabora desde la propia función en la labor educativa participando activamente para que se puedan alcanzar los objetivos de la Institución.

Los ex alumnos se integran en la comunidad educativa desde el lugar de la experiencia, del camino recorrido, y aportan para que, una vez egresados, no se pierda el vínculo con la comunidad y puedan seguir colaborando para el bien de todos.

… en el horizonte rico y desafiante del mundo de hoy…

Nuestro Instituto es parte de la comunidad parroquial y por eso su primera referencia es la gran familia de San Pablo de la que se es parte y a la que se sirve desde el propio lugar. La parroquia es el corazón de toda la animación pastoral y en comunión con ella, con espíritu de colaboración y servicio, la comunidad educativa, se convierte en un agente comprometido con la misión de la Iglesia de la que somos parte. Si la parroquia es el primer horizonte de la comunidad educativa no es el último: son los grandes desafíos actuales de la familia, la cultura, la economía, la política, el trabajo, el deporte, en el fondo, el bien común de todos los hombres. A todos estos ámbitos somos enviados los miembros de esta comunidad educativa del San Pablo, para que en todos ellos resuene la Buena Noticia de Jesucristo que sana y salva para invitarnos a seguirlo a Él en comunión con todos los hombres.